Los Abrojitos en mi vida

Para muchos el término “abrojitos” será desconocido, sin embargo para unos pocos, sonará familiar. A lo largo de mi vida, he tenido que vivir o más bien sobrevivir con ellos, que no son más que la Foliculítis en mis nalgas.


De acuerdo a la Dra. Marnet, “La Foliculítis es  una condición dermatológica cuando el folículo piloso - raíz del vello - se daña por fricción con la ropa, bloqueo del folículo o por afeitarse. En el caso de las nalgas, el roce constante de la ropa y de estar sentados, sumado a que es un área de la piel particularmente seca, hace que se produzca la foliculítis y su manifestación, los granitos. Si éstos se infectan, pueden ser realmente dolorosos y muy molestos” Y, aunque esto no es una clase de dermatología, quería dejar claro el concepto médico existente para explicar el porqué de mis abrojitos.  ​​




He intentado muchos remedios. Caseros: aloe vera por las noches, hielo, tomar el sol, exfoliación con azúcar... y recetados por profesionales: fusidin, ácido retinoico, Menticol, entre otras cosas que ya no recuerdo, todo con el mismo resultado, ilusión al principio viendo resultados y desilusión posterior al ver que todo vuelve ser igual. 

Y que decir de la vergüenza cuando voy a la playa o a la piscina, teniendo que desfilar mi brotada cola. Tengo que decir que no me pasa  por la cabeza usar pantaloneta para taparme dentro del agua, (primero muerta que sencilla) así que siempre llevo bikini, pero aún cuando los busco de “tapadera” grande, siempre se notan, sobre todo en ese pliegue entre la cola y la pierna que todos verán cuando estoy como una rana platanera echada sobre la arena. 


Y ahora pasamos a la parte amorosa 🙈, Dios mío!, que difícil es cuando empiezas una relación y sabes que tarde o temprano llegaras al momento en que ese chico​​ que tanto te gusta y con el que te esfuerzas en mostrar lo mejor de ti, tendrá que ver y tocar tu irregular zona trasera. Incluso existió uno que, conversando con una amiga, estando yo presente, hizo mención de los abrojitos de alguien, con tono de desagrado, lo que logró que el momento íntimo se tardara mucho más de lo previsto.  Y entonces pasas a apagar la luz y a tratar que sus manos vayan en otra dirección, piensas que le parecerá desagradable o incluso sucio, y no disfrutas al máximo ese primer encuentro.   Pero en mi experiencia, que no es muy larga y siempre con buenos hombres, a ellos no les importa, ellos disfrutan de ti y no de una parte de tu cuerpo.
Lo único que ha logrado “apaciguar” mis abrojitos, ha sido el invierno. Sin importar que use jeans todos los días, o permanezca mucho tiempo sentada, este penoso martirio cede y disminuye notoriamente, dejando de inflamarse y generar dolor e incomodidad y dejando mi cola un poco más atractiva a mis ojos, porque para los de mi esposo es una cola muy deseable. 
Vivo con mis abrojitos, en estos 37 años he aprendido a aceptar que están en mi vida y ​​que hacen parte de mi, sobre todo teniendo en cuenta que vivo en una ciudad de Verano permanente, pero como no amo mis abrojitos, trato de disminuirlos, alternando jeans con vestidos o ropa más fresca, poniendo círculos de gel frío cuando están muy inflamados, o poniéndome menticol en la cola para dormir fresquita.

¡Ay mis abrojitos!, me han acompañado tantos años, pero estoy segura que no los extrañaría si me abandonaran algún día. 

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