Buscando dentro de mí


Viernes por la tarde-noche, mi esposo no está, aún hay vestigios naranjas en el cielo,  me siento, miro la pantalla en blanco, rasco mi cabeza, no sé por dónde empezar. Hace tanto tiempo no hago este exorcismo que suele ser ambivalente para mí, porque me hace daño, pero también me sana. Ya lo sé, es que soy medio bipolar.

Me rio con eso último, porque sé que no lo soy, pero es que a veces me comporto como si lo fuera. Hay días en los que no quepo conmigo, que no quiero saber del mundo. Afortunadamente mi trabajo y el lugar donde vivo, me permiten esos momentos de aislamiento que a veces son absolutamente necesarios para mí.

Tengo que reconocer que últimamente me he sentido un poco fuera de lugar, y tal vez eso es lo que me hizo sentir la necesidad de escribir nuevamente.
En este mismo instante me tomo el trabajo de entender el motivo que me tiene así, obviamente el motivo principal ya es conocido, pero yo logro vivir con ese detalle. Pero el desencadenante de este cambio emocional se encuentra en dos momentos específicos: El primero, el viaje que hizo mi esposo de un fin de semana a una despedida de soltero.  Desde que nos casamos nunca habíamos pasado un fin de semana separados, a eso le sumamos que es una despedida de soltero, y Hollywood nos ha creado unas ideas que… bueno, ya me entiendes.  

El segundo acontecimiento, que fue la estocada final,  fue la pregunta, totalmente inocente, de mi sobrina de 4 años. Subida en el resbaladero, sosteniéndose con sus brazos, gira su cabecita y en voz baja me pregunta “¿Por qué no tenéis hijos?”  Me quedé congelada como 5 segundos y es que para los adultos siempre he estado preparada, tengo las palabras estudiadas, medio mecanizadas, a ellos les puedo hablar con sinceridad, porque, aunque no compartan mi postura, entienden; pero a un niño, ¿Qué le respondes a un niño? ¿Qué le dices que pueda entender? ¿Qué le dices que no genere un mal recuerdo en su memoria?


Yo creo que mi sobrina no se acuerda de lo que preguntó y mucho menos lo que yo respondí, tal vez se le hizo raro que tenga primitos de todos sus tíos menos de nosotros, pero en cuanto le respondí, sin darle mucha importancia, se dio la vuelta y siguió jugando, dejando mi corazón temblando al tiempo que su cabello reflejaba el sol que gracias a Dios ya se deja ver y se alejo de mí para seguir jugando.

Es eso lo que me pasa, es enfrentarme cada día a nuevos retos, a una nueva cultura,  a esa realidad que no deseo, es intentar dejar de desear algo que sabes que no se va a borrar, porque siempre lo voy a desear, siempre lo voy a anhelar, siempre será el sueño no cumplido. No voy a morir, no seré la señora de los gatos de los Simpsons, aunque si fueran perros… Pero, esa llama se quedará en mi corazón para siempre.

¿Sabes que es lo bueno de mi vida y también de la tuya?, que mañana veremos el sol salir y tendremos más oportunidades y herramientas para hacernos más fuertes. Y si mañana no sale el sol, tendremos pasado mañana o la próxima semana, o el próximo mes... Tiempo al tiempo.



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